sábado, junio 20, 2026

Este 21, Un llamado a la decencia colombiana y a la virtud de vivir en solidaridad

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Este 21, Un llamado a la decencia colombiana y a la virtud de vivir en solidaridad

Imagen ilustrativa

Colombia se enfrenta a un espejo este 21. No es solo un día de urnas o de posturas políticas; es una oportunidad de oro para dar un salto civilizatorio. Es el momento de bajarnos de la barbarie del insulto, del señalamiento y de la violencia cotidiana, para empezar a mirarnos a los ojos. Vivir en armonía no significa pensar igual; significa reconocer al otro en su diferencia y entender que su existencia no es una amenaza, sino parte de lo que somos. La urna, con todas sus imperfecciones, es el lugar donde dejamos de ser islas para vernos como una tribu, un grupo humano con un objetivo común, gigante y ambicioso: sobrevivir juntos y construir algo mejor.

Sé que algún día podremos convivir sin matarnos ni descalificarnos, y ese camino empieza por algo tan sencillo como la decencia. Ser decentes hoy significa respetar al abelardista, al cepedista, al que duda y al que decide no votar. Nadie es un imbécil. Cada persona, desde su propia realidad, su historia y su formación, toma una posición respetuosa ante el mundo que la rodea. La democracia es un arte en construcción; somos como artesanos que, con imaginación y paciencia, moldeamos el presente esperando que la próxima obra sea mejor que la anterior.

Para este 21, el mejor escudo contra la polarización y los ejércitos del odio es el humor. El escritor Amos Oz lo dejó claro con una verdad contundente: “No he visto nunca un fanático con sentido del humor”. El fanatismo es rígido, ciego y carece de risa porque es incapaz de mirarse al espejo. El humor, en cambio, nos abre el espíritu, nos permite recibir la crítica con grandeza y nos devuelve la humanidad que la intolerancia nos quiere quitar.

Al final, toda esta tensión política se vuelve minúscula cuando recordamos lo efímeros que somos. Hace poco conversaba con Sofía González Mina, y sus palabras me dejaron pensando. 

—Ya no hay tiempo, Felipe —me dijo Sofia.

—Tengo todavía 48 horas para pensar el voto —le respondí.

—Eso es muy poco tiempo —me reiteró ella.

—Sale usted, Sofía, a la calle, se resbala en un pedazo de mierda de cristiano y ¡plop!, se mató de un sopapo en la cabeza y peor aún untado de mierda. En un segundo. Uno pierde la vida en un segundo.

Si la vida es tan corta, tan frágil que se nos puede ir en un pestañeo, ¿vale la pena gastarla en el odio? Este 21, el verdadero llamado no es solo a elegir una opción en un papel, sino a elegir la decencia, la solidaridad incluyente y el respeto por el milagro de estar vivos, juntos.

Autor

  • Luis Felipe Narváez G

    Sociólogo de la Universidad del Valle, con un magister en Marketing Político en la UAB. Docente Universidad Surcolombiana.

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