Foto ilustrativa: ® Enredijo
La primera gran recolección de café del 2026 en el departamento del Huila avanza con tropiezos debido a las constantes precipitaciones que azotan la región. Las intensas lluvias no solo han alterado el proceso de maduración del grano, obligando a duplicar los esfuerzos logísticos de los caficultores, sino que también encienden alertas tempranas de cara a la segunda mitad del año, cuando la llegada del fenómeno de El Niño podría invertir el panorama hacia una fuerte sequía.
Un arranque pasado por agua
La primera cosecha cafetera del año ya comenzó en varias zonas del departamento del Huila, especialmente en municipios del sur, norte y occidente, donde históricamente inicia la recolección entre abril y mayo. Sin embargo, las intensas lluvias que se han presentado durante el primer semestre de 2026 han alterado el comportamiento normal de los cultivos, retrasando la maduración del grano y complicando el trabajo de miles de caficultores.
Óscar Trujillo, secretario de Agricultura y Minería del Huila, señaló que las fuertes lluvias han ocasionado retrasos en la maduración del café y en el amarre del grano. Según el experto, la alta humedad registrada en los últimos meses ha generado dificultades tanto en la recolección como en la productividad de los cultivos.
A nivel de terreno, el testimonio de los productores ilustra claramente el problema biológico. Ernesto Palacios, caficultor del municipio de Tarqui, detalló que con tantas lluvias el clima permanece muy nublado y entra menos sol a los cafetales. La falta de radiación solar afecta directamente el proceso de maduración del grano, provocando que se desarrolle mucho más despacio. Palacios enfatizó que, si bien esta situación no genera una pérdida total de la cosecha, inevitablemente resulta en una recolección mucho más prolongada.
La odisea logística
El principal dolor de cabeza que ha derivado de esta anomalía climática es la maduración desigual de los frutos. Esto obliga a los productores a realizar múltiples recorridos a través de los cafetales para seleccionar con precisión únicamente los granos que se encuentran en su punto óptimo, lo que dispara irremediablemente los costos de producción y la necesidad de personal. En palabras de Trujillo, el hecho de tener granos más dispares conlleva a que tengan que hacerse más pases en la recolección.
Esta urgencia choca de frente con otra barrera histórica del sector: el déficit de recolectores. En varias zonas del departamento los productores han advertido dificultades para conseguir suficiente mano de obra, especialmente en temporadas donde las cosechas coinciden con otras actividades agrícolas. Ante esto, las autoridades departamentales han venido trabajando en conjunto con las alcaldías locales y distintas cooperativas para destrabar los cuellos de botella logísticos y facilitar que las cuadrillas de trabajadores se desplacen sin problemas hacia las fincas cafeteras.
Las regiones más castigadas
El impacto destructivo del invierno no ha golpeado a todo el departamento por igual. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, las mayores afectaciones se concentran en municipios del sur y occidente del Huila, donde las precipitaciones han generado daños en vías rurales, derrumbes y afectaciones directas sobre los cultivos. El inventario de zonas en máxima alerta incluye a municipios clave de la geografía productiva como La Plata, La Argentina, Íquira, Palestina, Oporapa, Acevedo, Saladoblanco e Isnos. A este listado se le suma Nátaga en la misma región, mientras que en el norte los estragos han recaído sobre Colombia y Baraya.
Más allá de los cafetales, la infraestructura es el eslabón más frágil de esta crisis. La situación es crítica en las vías terciarias utilizadas para sacar el producto hacia los centros de acopio. El deterioro de estos corredores a causa de derrumbes y crecientes súbitas dificulta enormemente el transporte de la cosecha, elevando en cascada los costos logísticos para los campesinos.
El Huila mantiene su liderazgo
Pese a los vientos —y lluvias— en contra, el departamento no cede su trono. El departamento continúa consolidándose como el principal productor de café del país, tanto en volumen como en calidad. Datos de investigación de mercado agrícola y de la Federación Nacional de Cafeteros estiman que el Huila sostiene alrededor del 19% del total de la cosecha colombiana, superando los 2.5 millones de sacos, cifra que valida el prestigio internacional de sus pisos térmicos.
El funcionario Óscar Trujillo recalcó el optimismo de la administración afirmando que venimos de un año muy favorable para la caficultura huilense, lo que los sigue posicionando a la cabeza de la industria. Con la meta de blindar la actual cosecha, se han establecido mesas de trabajo permanente con organizaciones de peso como Coocentral y Cadefihuila para revisar los eslabones críticos: compra de café, logística y disponibilidad de mano de obra. Adicionalmente, se promueve desde la institucionalidad un ambicioso plan de mitigación que incluye procesos de renovación de cafetales, siembra de nuevas variedades, fertilización, análisis de suelos y acompañamiento técnico a productores.
Del invierno a la sequía
Paradójicamente, aunque hoy las fincas lidian con excesos de agua, los gremios se preparan para el extremo opuesto. Uno de los temas que más inquieta a las autoridades y a los productores es el impacto cada vez más fuerte del cambio climático sobre la caficultura huilense. Mientras el primer semestre ha estado dominado por las lluvias, los pronósticos advierten que para la segunda mitad de 2026 podría presentarse un fuerte fenómeno de El Niño, trayendo consigo sequías prolongadas y altas temperaturas.
Este comportamiento extremo del clima representa uno de los mayores desafíos para el sector cafetero, ya que altera los ciclos productivos, incrementa la aparición de plagas y enfermedades, y genera pérdidas económicas para miles de familias campesinas. Frente a este pronóstico oscilante, la única defensa viable es la prevención tecnológica y la adaptación a través de un manejo eficiente del agua.
La recolección del café en 2026 pone a prueba la resiliencia de la caficultura huilense. Mientras el inicio del año se combate con botas de caucho frente a caminos derrumbados y una maduración lenta de los frutos, la mirada institucional ya tiene que estar puesta en mitigar la sequía de El Niño que se avecina. Con una dependencia económica masiva sobre el grano de exportación, la articulación de esfuerzos será decisiva para que la crisis no devore las ganancias. Manténgase siempre bien informado con nuestras investigaciones y crónicas regionales leyendo Enredijo, su portal de confianza.








