viernes, mayo 22, 2026

La última nutria del guarapas

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La última nutria del Guarapas

Foto: Miryon Montes

El río que todavía intenta hablarle a Pitalito

El río que despierta antes que la ciudad

A las cinco de la mañana, cuando Pitalito todavía duerme bajo la neblina fría del Valle de Laboyos, el río Guarapas parece recuperar por unos minutos el silencio que la ciudad le arrebata durante el día.

No hay motos.  

No hay vendedores.

No hay ruido.

Solo el agua avanzando lentamente entre piedras oscuras y ramas arrastradas por la corriente.

Entonces ocurre algo que muy pocas personas alcanzan a ver.

Una sombra emerge desde la orilla.

Oscura.

Húmeda.

Silenciosa.

Permanece inmóvil apenas unos segundos, observando el entorno con la cautela de un animal que ha aprendido a sobrevivir dentro de una ciudad que casi nunca mira hacia el río.

Luego desaparece otra vez entre el agua.

Es una nutria.

Y su presencia, en medio de una ciudad atravesada por el crecimiento urbano y las heridas ambientales, parece casi imposible.

Pero sigue allí.

Resistiendo.

Como si el Guarapas todavía intentara recordarle a Pitalito que debajo del concreto continúa existiendo un ecosistema vivo.

El niño que aprendió a escuchar el agua

Foto: Miryon Montes

Mucho antes de convertirse en monitor comunitario de nutrias, Miryon Montes era apenas un niño del barrio Porvenir que creció junto al agua.

Vivía con su familia en el sector de Puente La Batea, entre Guaduales y Porvenir, cuando todavía los guaduales abrazaban las rondas hídricas y las quebradas descendían limpias entre las piedras.

Recuerda que muchas veces se escapaba de clases junto a su hermano para ir a bañarse.

Entonces ocurrió algo que jamás olvidaría.

En medio del agua apareció un animal extraño.

“Parecía un perro bañándose”, recuerda todavía con una mezcla de asombro y nostalgia.

Pero no era un perro.

Era una nutria.

Quizá sin saberlo, aquel instante cambió para siempre la manera en que aprendería a mirar el territorio.

Porque algunas personas simplemente viven junto a un río.

Otras terminan escuchándolo.

Los niños que crecieron dentro de la quebrada

Muchos años después, cuando Miryon ya era un joven del barrio, las quebradas seguían siendo parte de la vida cotidiana de quienes crecieron junto al agua.

Con los vecinos jugaban a las “comitivas”.

Inventaban expediciones.

Bajaban a la quebrada de Cálamo como si el río fuera un territorio infinito.

Pescaban artesanalmente.

Se bañaban entre las piedras.

Competían por quién atrapaba más peces.

Reían.

Y entonces, a veces, ocurría algo extraño.

Un pequeño animal oscuro aparecía silenciosamente entre la corriente y se llevaba algunos peces.

Ellos creían que era un perro.

Un perrito juguetón atraído por las lombrices usadas como carnada.

Todavía no entendían que aquello que compartía el agua con ellos no era un perro.

Era una nutria.

Y quizá esa escena diga mucho sobre Pitalito:

durante años las nutrias convivieron silenciosamente con la ciudad mientras la ciudad apenas comenzaba a darse cuenta de que todavía existían.

Las nutrias también enseñan a sus hijos

Foto: Miryon Montes

Con el paso del tiempo, Miryon comenzó a observar comportamientos que pocas personas en el sur del Huila habían documentado tan de cerca.

Aprendió a reconocer huellas sobre el barro.

Madrigueras ocultas entre raíces y guadua.

Movimientos sobre las piedras.

Sonidos breves durante la madrugada.

Pero sobre todo, aprendió algo profundamente humano sobre las nutrias:

ellas también enseñan a sus hijos.

Y enseñan jugando.

Según años de monitoreo comunitario, el ciclo reproductivo parece sincronizarse con las temporadas de verano, cuando disminuyen las crecientes y las crías pueden desplazarse con mayor seguridad.

Las madres enseñan pesca juvenil mediante dinámicas de juego.

Persiguen pequeños peces.

Se sumergen.

Regresan.

Repiten movimientos.

Las crías observan.

Imitan.

Aprenden.

Todo ocurre dentro de un vínculo profundamente afectivo.

Comprender esto transforma completamente la forma de verlas.

Porque ya no se trata únicamente de una especie silvestre.

Se trata de seres sintientes.

Animales capaces de crear vínculos, proteger a sus crías y depender emocionalmente de un ecosistema para sobrevivir.

El rostro de una especie que todavía resiste

Las fotografías tomadas por Miryon Montes durante años de monitoreo parecen contener algo más que registros de fauna silvestre.

En ellas hay vigilancia.

Resistencia.

Y una extraña dignidad.

Las imágenes de Miryon, tienen además un valor inmenso:

demuestran que las nutrias no son una leyenda ambiental ni un recuerdo lejano.

Siguen aquí.

Habitando silenciosamente los márgenes de la ciudad.

Y quizá por eso su presencia resulta tan poderosa: porque las nutrias sobreviven únicamente donde el agua todavía conserva algo de vida.

El río que carga la ciudad

Foto: Pitalito Noticias

Hay algo profundamente doloroso en la historia de las nutrias de Pitalito.

Mientras las familias de nutrias continúan desplazándose silenciosamente por el Guarapas y la quebrada Cálamo, las mismas fuentes hídricas siguen cargando cada día el peso residual de toda una ciudad.

Pitalito enfrenta desde hace años uno de sus mayores desafíos ambientales:
la ausencia de una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales —PTAR— plenamente operativa que permita sanear integralmente sus descargas urbanas.

Entonces el río hace lo que puede.

Carga.

Resiste.

Arrastra.

Intenta limpiarse a sí mismo.

Pero “ningún río debería pasar la vida intentando sobrevivir a quienes habitan sus orillas”.

Foto: Julian Rivera

Las aguas residuales continúan recorriendo el mismo ecosistema donde las nutrias cazan, juegan y enseñan a pescar a sus crías.

La reflexión entonces deja de ser únicamente técnica.

Se vuelve ética.

Porque la contaminación hídrica no afecta solamente el paisaje.

También afecta especies silvestres y ecosistemas que dependen completamente de la calidad del agua.

Y quizá esa sea una de las preguntas más difíciles que deja esta historia:

¿En qué momento dejamos de mirar las quebradas como ecosistemas vivos y comenzamos a tratarlas como lugares donde desaparece aquello que no queremos ver?

Los desplazamientos silenciosos

Foto: Diario del Huila

Las amenazas sobre las nutrias no siempre llegan de manera visible.

A veces comienzan con algo aparentemente pequeño:

la pérdida de un guadual,

la quema de vegetación,

la captación ilegal de agua,

el desvío de una fuente hídrica,

la ocupación de una ronda.

Detrás del cementerio de Pitalito existía una madriguera protegida por guadua.

Cuando comenzaron las construcciones y la vegetación fue removida, las nutrias se desplazaron.

En sectores de la quebrada Cálamo, perros domésticos han atacado individuos que intentan movilizarse por los corredores ribereños.

También existe temor o desconocimiento por parte de algunos paleros y areneros cuando encuentran nutrias sobre las playas de las quebradas.

Muchas veces no existe intención de daño.

Existe desconocimiento.

Y precisamente allí aparece uno de los grandes desafíos ambientales del presente:

aprender a convivir con la biodiversidad urbana.

Los guardianes silenciosos del sur del huila

Foto: Miryon Montes

Con el tiempo, el trabajo de Miryon dejó de ser individual.

Hoy existe una red comunitaria de monitoreo ambiental integrada por habitantes de Acevedo, Timaná, Elías, Oporapa, Saladoblanco, Isnos, Palestina, San Agustín y distintos sectores urbanos de Pitalito.

No son científicos de escritorio.

Son ciudadanos que crecieron junto al agua y aprendieron a reconocer que el río también tiene memoria.

Gracias a estos procesos, Miryon ha logrado identificar entre 16 y 17 madrigueras activas en el sur del Huila.

Y sus observaciones podrían ser aún más importantes.

Durante años ha notado diferencias físicas entre algunas nutrias registradas en el territorio, especialmente en la forma de las orejas.

La hipótesis de una posible variación asociada a Lontra annectens aún requerirá estudios científicos especializados.

Pero el hallazgo deja una reflexión poderosa:

todavía conocemos muy poco sobre la biodiversidad que habita nuestros ríos.

Y quizá estamos destruyendo ecosistemas antes siquiera de comprender completamente la vida que contienen.

La casa de la nutria: el sueño de un santuario para el agua

Foto: Diario del Huila

Después de toda una vida observando ecosistemas, Miryon Montes tiene una propuesta concreta:

crear una reserva natural denominada “Casa de la Nutria”.

Un santuario ecológico de aproximadamente 14 hectáreas frente al aeropuerto de Pitalito.

|Pero la propuesta va mucho más allá de proteger una especie.

La idea contempla:

  • educación ambiental infantil,
  • monitoreo comunitario,
  • restauración ecológica,
  • investigación científica,
  • turismo de naturaleza,
  • y apropiación territorial.

Sería un lugar donde los niños puedan aprender que las quebradas no son alcantarillas naturales.

Donde las escuelas fortalezcan los PRAES.

Donde la ciudad vuelva a mirar el río no como un límite urbano, sino como un ser vivo que todavía sostiene memoria, biodiversidad y futuro.

Porque proteger una nutria también significa proteger el agua que sostiene la vida de toda una ciudad.

Los animales ya no son “cosas”

Foto: Diario del Huila

Durante décadas, los animales fueron vistos jurídicamente como objetos.

Eso cambió en Colombia con la Ley 1774 de 2016, que reconoció a los animales como seres sintientes.

Posteriormente, la Ley 2563 de 2025 —conocida como Ley Empatía— convirtió en obligatoria la enseñanza de protección animal y conservación de la biodiversidad en todos los colegios públicos y privados del país.

La norma integra estos enfoques dentro de los PRAES y de la Política Nacional de Educación Ambiental, buscando formar generaciones capaces de relacionarse con empatía frente a todas las formas de vida.

Y quizá allí exista una enorme oportunidad para Pitalito.

Porque proteger las nutrias no depende únicamente de normas ambientales o infraestructura.

Depende también de enseñarles a los niños que las quebradas no son alcantarillas naturales.

Que los ríos urbanos también son ecosistemas vivos.

Y que convivir con la biodiversidad no es un obstáculo para el desarrollo, sino una señal de civilización.

Cuando el río deje de hablar

Foto: Miryon Montes

Tal vez el futuro ambiental de Pitalito pueda resumirse en una sola escena.

Una madre nutria enseñando a pescar a su cría entre las aguas del Guarapas.

Jugando.

Aprendiendo.

Sobreviviendo.

Mientras arriba, sobre los puentes, la ciudad continúa su rutina sin imaginar que debajo todavía existe una vida intentando resistir.

Porque el día en que desaparezca la última nutria…

quizá no desaparecerá solamente una especie.

También desaparecerá una parte de la memoria del río.

Y entonces entenderemos demasiado tarde que el agua llevaba años intentando enseñarnos algo:

que ninguna ciudad puede sobrevivir cuando olvida la vida que habita dentro de sus propias quebradas.

Referencias

  • Plan de Manejo y Conservación de la Nutria Neotropical en Colombia.
  • Propuesta de Plan Integral para la Conservación de la Nutria en Pitalito.
  • Investigación sobre conectividad ecológica de Lontra longicaudis.
  • Ley 2563 de 2025 — Ley Empatía.
  • Aprobación de la Ley Empatía en Colombia
  • Entrevista Miryon Montes Vargas

Autor

4 respuestas

  1. Excelente reflexión. Gracias por recordar nuestra responsabilidad en mantener el equilibrio natural. Si cada segmento de la población toma conciencia, muy seguramente será una realidad el deseo de nuestro amigo Miryon Montes y quienes sueñan por manter vivo el Patrimonio Natural.

  2. Que riqueza que aún tenemos; pero debemos aportar en el cuidado de toda esta naturaleza.
    Gracias por este reportaje tan 💚 hermoso y valioso. Pocos tienen este privilegio

  3. Quiero felicitarles por este valioso artículo sobre las nutrias del río Guarapas y la importancia de su conservación en Pitalito. Como docente, considero que este tipo de contenidos fortalecen el reconocimiento del territorio, el cuidado ambiental y la identidad huilense en nuestros estudiantes.

    Estaré utilizando este artículo como apoyo pedagógico en actividades de aula multigrado integradas en las áreas de Lenguaje, Inglés y Artística, promoviendo en los niños y niñas la reflexión sobre el cuidado de sí mismos, de los animales y del entorno.

    Gracias por visibilizar temas tan importantes para nuestra comunidad y por aportar recursos significativos para la educación.

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